“En 10 años, internet bajará del espacio al cielo”

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El responsable técnico de Hispasat, Antonio Abad, defiende que el futuro de las comunicaciones pasa por globos y drones ‘fijos’ en la atmósfera

«Estamos convencidos de que el consumo de internet va a seguir creciendo exponencialmente en los próximos años». El director técnico de Hispasat, Antonio Abad Martín, reconoce que uno de los dos usos de los satélites, el de transmisión de televisión, se está ralentizando por el auge de los canales bajo demanda. «Donde sí creemos que hay una oportunidad muy buena para crecer es en los datos», señala a INNOVADORES. Sin embargo, en esta área el satélite no es tan potente como en la difusión de televisión. «Tiene sentido, por tanto, adaptar sus futuras arquitecturas a los servicios de comunicación de datos», añade. «Que el satélite sea más eficiente en la transmisión de datos es la gran tendencia que todos estamos planteando en el mercado», desvela.

Para ganar eficiencia, la industria está investigando diferentes líneas de trabajo. La más consolidada en estos momentos consiste en aumentar el tamaño de los satélites para incrementar su capacidad y generar economías de escala. Así, se plantean satélites de 10 toneladas capaces de transmitir más de un Terabit por segundo.

Pero Abad Martín se muestra especialmente interesado en una. «Nos gusta hablar de comunicaciones en el cielo, en lugar de hablar de espaciales», afirma. «Estamos seguros de que en 10 años este tipo de infraestructuras será algo normal». Resulta que, para enviar una señal de comunicación, «lo mejor es hacerlo desde un punto fijo». El problema es que, en el espacio, la órbita geoestacionaria es «la única que cumple la condición de tener el mismo periodo de revolución que la Tierra».

«Empezamos a bajar y nos dimos cuenta de que en la atmósfera también podemos dejar cosas fijas», explica. La gran ventaja respecto al espacio viene del coste. «Eliminamos el vehículo lanzador, de obligado uso en el satélite». Pero hay más. La señal también gana en calidad. «En vez de comunicar a 36.000 kilómetros de distancia, lo estaríamos haciendo a 22 kilómetros», dice. «Para la transmisión de la señal, necesitamos menos potencia en la atmósfera que en órbita».

En esta novedosa línea de trabajo, Hispasat investiga dos conceptos: los drones y los globos aerostáticos. En el primer caso, la empresa española está desarrollando un proyecto junto a la ESA y Airbus, con la finalidad convertir una aeronave no tripulada del gigante espacial en un repetidor de señal. «Consistiría en un dron que volaría a 22 kilómetros de altura sobre una cobertura limitada de unos 70 kilómetros de diámetro y que daría comunicaciones sobre esa zona», cuenta Abad Martín. Entre los retos por superar se encuentra el tamaño de la nave, que ahora es demasiado pequeña, y su autonomía. «Actualmente puede llegar a volar entre 15 y 30 días consecutivos, pero hasta que no llegue a seis meses, no será eficiente».

El segundo campo de exploración de esta tendencia de comunicaciones en el cielo son los globos aerostáticos. Inevitablemente, surge en la conversación el proyecto Loon de Google. «Creo que es una solución muy elegante, pero muy ineficiente», comenta. ¿Por qué? «Porque no están controlados». La multinacional tecnológica se apoya en la teoría de que, en las distintas capas de la atmósfera, los vientos se mueven en diferentes direcciones. Su idea es que, con su algoritmo, los dispositivos de Google se muevan solos por el cielo. «Nosotros creemos más en un concepto de globo dirigible», concluye.

Su equipo ya ha estudiado algún prototipo, como uno de Thales. Pero todavía queda por resolver el problema del coste. «Hay que buscar un punto intermedio entre ese superglobo, de 100 metros, y el de Google». En todo caso, no duda en afirmar que «en 10 años, habremos desplegado este tipo de infraestructuras».

Otro de los escollos que tendrán que superar estas comunicaciones en el cielo son las cuestiones regulatorias. Para Abad Martín, no sería uno de los principales problemas. «Habrá que definir un pasillo aeronáutico para subir el dron o el globo, que tendrían que navegar fuera de la zona de tráfico aéreo», indica. La mejor solución es que un organismo internacional defina las condiciones de seguridad y «nosotros ya nos encargaremos de cumplirlas».


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