¡Están buenas las golosinas, pero hay que limitarlas!

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Las chucherías no son importantes desde un punto de vista nutricional. Contienen grandes cantidades de azúcar y calorías que aportan energía, pero no tienen nutrientes.

Dentro de este grupo se incluyen las golosinas y dulces (caramelos, gominolas, chicles…), ricos en azúcares, grasas y aditivos; los chocolates (bombones, huevos de pascua…), compuestos por cacao, azúcar, leche, manteca y grasas; aperitivos (patatas fritas, frutos secos…), que contienen grasas y aceites con elevado valor calórico y exceso de sal; helados y batidos; y la bollería industrial, rica en hidratos de carbono y grasas saturadas.

Hay que tener en cuenta que todas las chucherías no son iguales. Se recomienda controlar su consumo e intentar elegir las más saludables. Por ejemplo, los frutos secos crudos son muy buenos, pero al tostarlos, dependiendo del aceite que utilicen, que en general es de palma o coco, empeora su calidad nutricional y además tienen mucha cantidad de sal. Las chucherías que utilizan edulcorantes artificiales como el xilitol aportan menos calorías, aunque en exceso tienen efectos laxantes. Tenemos que contabilizar el consumo de chucherías tipo golosinas como una fuente de azúcar más de la dieta, con todos los efectos negativos que tiene.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de una elevada cantidad de azúcar se asocia con un aumento del riesgo de desarrollar obesidad, tanto en niños como en adultos, y por tanto, con un mayor riesgo de presentar enfermedades metabólicas, como diabetes, hipertensión arterial o alteración en el metabolismo de los lípidos. También se ha asociado con un mayor riesgo de caries dental.

Por estos motivos, la OMS recomienda que se modere su ingesta a lo largo de toda la vida. En concreto, recomienda que la energía ingerida a partir de azúcares libres (aquellos añadidos en el procesado del alimento y no presentes de manera natural en los mismos) no sobrepase el 10% del total de calorías y sugiere que se puede obtener un beneficio adicional si la ingesta es inferior al 5% de las calorías. Ello equivale a unos 25-50 gramos diarios de azúcares añadidos por persona adulta. Sin embargo, hoy en día más del 75% del azúcar que ingerimos nos llega incorporado en alimentos elaborados donde, en ocasiones, no lo vemos ni reconocemos (como en salsas preparadas, productos lácteos, jugos…).

Aunque los consumidores de chucherías pueden ser de todas las edades, los niños representan su principal mercado. Es importante controlar su consumo: cuanto más tarde el niño en probar las golosinas por primera vez, mejor; pactar una cantidad de chucherías por semana, que tomarán en un día concreto (por ejemplo, en un cumpleaños), no todos los días; evitar el picoteo continuo (mejor tomarlas todas juntas, si es posible después de una comida) y no olvidar cepillarse los dientes al acabar.

La ingesta excesiva de chucherías y dulces se ha relacionado con inapetencia de comer otros alimentos más saludables para el organismo; obesidad; fenómenos alérgicos (debido a los aditivos que les dan color, aroma y sabor); caries y riesgo de atragantamientos en los más pequeños.

El consumo de golosinas no está prohibido, pero éstas deberían tomarse de manera ocasional, dentro de una dieta equilibrada. No olvidemos que lo más importante para cuidar la salud de nuestra familia es seguir un patrón alimentario de tipo mediterráneo, reduciendo el consumo de alimentos procesados e hipercalóricos, y fomentar una actividad física regular.


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