Homero Simpson, emprendedor Parte Final

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Defiende sus ideas.

Tratando de aturdir su cerebro con alcohol para sobrevivir a una tediosa noche familiar, Homero idea un cóctel llamado a revolucionar el panorama hostelero mundial: el resultado de una mezcla flameada de varios tipos de alcohol y jarabe infantil para la tos. Otro empresario sin escrúpulos, el tabernero local Moe Szyslak, plagia una idea logrando pingües beneficios. Pero Homero defiende su combinado de la única forma que puede: haciendo pública su receta y reventando el negocio. Para eso la idea era suya. Y eso le lleva a aprender otra lección, que incorpora a su listado de normas para triunfar. “Defender tus ideas patentándolas es un paso clave si de verdad te encuentras ante un ingenio revolucionario”, explica Saldaña. “La serie nos ha contado cómo Homero ha alumbrado ideas geniales y está bien que, tras el desencanto de Flameado, haya aprendido a cuidarlas, aunque eso le lleve a estar a punto de destrozar el Museo de Edison”.

Sus errores no le frenan.

Tras el desencanto con el robo de la receta de su Flameado, Homero jamás volverá a dejar escapar una idea millonaria. Ese suceso le ha servido de lección y, como afirma el coach Julio García Gómez, “esa resiliencia, la capacidad que tiene el emprendedor de caer y levantarse, es fundamental para triunfar. Un error siempre tendrá aparejada una enseñanza positiva, y ese bagaje de fallos será crucial para diseñar el mejor producto y para alcanzar la mayor y más ambiciosa de las metas”. Por eso, mantiene una encarnizada lucha con los quiroprácticos springfieldianos tras idear la herramienta definitiva para sanar los dolores de espalda, su “Milagroso Cilindro Medular del Doctor Homero”. El temor a ver alterado su oligopolio lleva a la comunidad de profesionales a destrozar el ingenio, por lo que Homero no puede llegar a patentarlo. No obstante, jamás sabremos si hubiera podido o no hacerlo porque, a pesar de garantizar una recuperación casi instantánea, el milagroso cilindro no era más que un cubo de basura abollado.

Nunca para de innovar.

Ya sea con un cubo o jugando con compuestos radioactivos para crear una nueva cepa de tomates. Homero Simpson se ve obligado a huir precipitadamente de su casa y se instala junto a su familia en la vieja granja en la que nació. Dispuesto a convertirse en un terrateniente, y ante la desesperación por no ver germinar la mezcla de semillas que ha plantado con la rapidez que su empuje emprendedor exige, decide adulterar el terreno con plutonio enriquecido. Un nuevo éxito: del carácter innovador del acto resulta un producto revolucionario, el Tomacco, una mezcla de tomate y tabaco que puede venderse también a menores. La empresa de cigarrillos Laramie muestra interés por la patente y hace una oferta más que sustanciosa a su creador, aunque Homero pierde una nueva oportunidad de hacerse rico por su excesiva ambición: pretende “sangrar” a la compañía tabacalera exigiéndole una cifra que supera los mil millones de dólares. La revista sobre felicidad en el trabajo Ebocame ha dedicado muchas líneas a hablar de la innovación. Manuel Torres, su director comercial, afirma: “La innovación puede ser la punta de lanza de la empresa y la que abra las puertas al crecimiento. Por eso hay que fijarse en Homero, él innova con pasmosa facilidad”.

Se apoya en la tecnología.

Porque será una herramienta fundamental para triunfar. Homero lo sabe y decide fundar una compañía de servicios informáticos, Compuglobalhipermeganet. Y sí, Homero no tiene claro a qué quiere dedicarse y no cuenta con nociones básicas sobre Internet, pero su ambición contagiosa y su espíritu emprendedor llega a suscitar nerviosismo en la compañía del mismísimo Bill Gates. Gabriel Moral, account manager de la empresa de diseño y estrategia web Relevant.Ninja, lo avala: “La tecnología permite sondear mercados con una inversión mínima y atacarlos con tiros más certeros. Ayuda a saber dónde meterse y, sobre todo, dónde no hacerlo”. El ánimo emprendedor de Homero le lleva a intentar usar esta herramienta para triunfar… aunque antes tal vez necesite unas cuantas clases para saber algo más que aporrear el teclado.

Y lo más importante: jamás se desanima.

Además del Tomacco, del Flameado y de Compuglobalhipermeganet, Homero ha dedicado tiempo e ilusión a otros cientos de trabajos. Ha comerciado con azúcar y con grasa animal, ha trabajado como crítico gastronómico, ha regentado una guardería, ha conducido ambulancias, camiones, monorraíles, furgonetas de helados. Ha sido inventor, artista conceptual y de performance, paparazzi, representante de talentos y concejal de Sanidad. Homero no se arruga ante nada, porque sabe que siempre podrá volver a su puesto en el sector 7-G de la Central Nuclear. “Él siempre mira hacia delante, siempre tiene en la mente el objetivo de convertirse en un triunfador, y esa es la mayor fuente de fortaleza que existe”, explica el formador Julio García Gómez. Por eso, y porque es ambicioso, osado y valiente. Los tres requisitos que todo buen emprendedor debe saber conjugar. Así que Homero es una muestra clara de lo que no hay que hacer pero, ¿no es también cierto que puede considerarse un modelo a imitar? Jódete, Flanders.


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