Jesús está de moda: “street style”

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Los crucifijos son sexys porque en ellos hay hombres desnudos”, decía Madonna, que hizo de los símbolos católicos una vía rápida hacia el escándalo.

Ya han pasado 28 años desde que lanzó ‘Like a Prayer’, un disco repleto de todo tipo de blasfemias. Hoy usar cruces en los ‘shows’ ya no escandaliza e, incluso, la misma reina del pop que se ganó la excomunión confiesa querer una audiencia con el Papa Francisco. Y es que, cuando la provocación se ha convertido en la regla y no la excepción, los símbolos católicos han dejado de tener un carácter salvador o subversivo para integrarse, sin hacer ruido, en algunas de las colecciones más potentes de la temporada.

Los collares con cruces (como el que lleva Bella Hadid), o a las sudaderas con vírgenes son cada vez más frecuentes en el ‘street style’. Y no, no significa automáticamente que la persona que los luce tenga el propósito de que le reconozcan como cristiano. En las sociedades cada vez más laicas, donde ritos como el matrimonio eclesiástico, los bautizos o los funerales religiosos cotizan a la baja, estos distintivos se vacían de significado. En resumen, alguien puede ponerse un rosario como simple adorno de la misma manera que los europeos hacían hasta ahora con deidades de otras religiones como los budas o las figuras de Shiva.

Un icono… ¿como otro cualquiera?

Eso mismo es lo que pretende conseguir Jeremy Scott en el mercado asiático, en el que adoran sus diseños. En última colección que presentó en New York Fashion Week subió a la pasarela pantalones y sudaderas con la cara de Jesús, que se alternaba con dibujos animados o con otros iconos. Con la libertad que ofrecen la cultura ‘pop’ y la psicodelia, el ‘diseñador de la gente’ (así lo llama un documental de Netflix sobre su vida) hizo lo propio: metió en una coctelera a los personajes más populares (incluida a Marilyn Monroe) y se los sirvió mezclados furiosamente a su público en la misma colección: “He estado pensando mucho en cómo adoramos a las celebridades, y cómo tenemos a Elvis, Marilyn Monroe y Jesús en el mismo campo de juego”, explicaba a los periodistas

Cristo era un invitado más en esa fiesta de iconos de todo pelaje en el que se hablaba (o criticaba) del excesivo culto (nunca mejor dicho) a la personalidad. Muchos leyeron un discretísimo mensaje antiTrump en la ropa de un diseñador que se caracteriza por el exceso.


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