¿Por qué no podemos parar de comer dulce?

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El problema de los dulces es que es imposible comerse solo uno. De hecho, está más que demostrado que el azúcar es tan adictivo como cualquier otra droga, y que, además, se encuentra siempre a nuestro alcance, dispuesto a tentarnos en los momentos de debilidad. Sin embargo, tras haber relacionado directamente a este ingrediente con la epidemia de enfermedades de nuestro siglo, la ciencia ha ido un paso más allá y ha descubierto el modo de frenar estos desafiantes antojos de dulce con un sencillo método mental.

Imagínate un bosque. Así de fácil. Con este consejo, la científica de la Universidad de Flinders, Sophie Schumacher, en Australia, asegura que podremos hacer frente a las ganas de dulce, ya que la principal culpable de que aparezcan es nuestra propia mente. “Nos hemos dado cuenta de que al simplificar los pensamientos y alejarlos de estos productos se reducían drásticamente los mensajes intrusivos y la intensidad del deseo tanto en el grupo de prueba general como en el que anhelaba consumir chocolates y alimentos azucarados”, asegura la experta. Aunque para que este método sea realmente efectivo, reconoce que hay que conseguir parar las ganas a tiempo, justo cuando aparecen. Sobre todo porque, según han averiguado, tendemos a exagerar estos primeros impulsos mentales.

“Es como forzar una distracción constructiva. Piensa que estás dando un paseo por el campo”, insiste Schumacher. De esta forma disminuye la vivacidad de las imágenes de postres que sabotean tu dieta. Una conclusión a la que han llegado tras ponerlo en práctica con un grupo de 94 mujeres que querían poner fin a sus antojos. Para ello, los investigadores analizaron su relación emocional con el chocolate antes, durante y después del estudio, que consistió en aislarles de sus ganas de dulce mediante el juego de pensamientos.

Por qué no podemos parar de comer dulce

Por otra parte, hay estudios, como el que llevaron a cabo científicos de la Universidad de Yale, que advierten que el tipo de azúcar también influye en nuestras ganas de comer. De hecho, aseguran que endulzar los alimentos con fructosa, con la intención de hacerlos más saludables, puede ser peor, incluso, que el azúcar blanco. Y es que mientras que la glucosa sí genera una respuesta de saciedad por parte del cerebro, la fructosa no, por lo que no tenemos nunca la sensación de estar saciados. Es decir, que corremos el riesgo de comer más de lo previsto.

De hecho, muchos productos son edulcorados con ambos tipos de azúcar, y nuestro cuerpo no es capaz de diferenciar entre ellos, por lo que todos son procesados en el hígado y almacenados como grasa si se toman en exceso. Un límite fácil de sobrepasar si se tiene en cuenta que perdemos el control del hambre. Característica que comparten con los edulcorantes.


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