Secadictos: atraídos al ruido del secador

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Haga una prueba. Vaya al baño a por el secador de pelo y enchúfelo cerca de donde esté leyendo este artículo. Ahora intente concentrarse con el ruido de fondo. Aguante, como mínimo, un par de minutos. Si le molesta el estruendo, apáguelo, como yo he hecho al empezar a escribir. Pero si no le descentra, si nota que incluso le gusta y le relaja, quizá tenga potencial para ingresar en un selecto y creciente grupo: el de los adictos el ruido del secador.

No se preocupe, el peluquero francés Alexandre Godefoy, inventor de este aparato en 1890, no se va a enterar de que hoy existen personas en todo el mundo que usan su artilugio para conciliar el sueño, dormir a sus bebés o relajarse después de una dura jornada de trabajo. A falta de un nombre oficial para su afición, los hemos bautizado como secadictos. Y hay más de los que se piensa aunque, temerosos de que se les tache de raritos, prefieran no dar la cara.

El primero con el que hablamos es Alfonso, quien trabaja en una empresa de montaje. «Sí, tengo 43 años y soy adicto al ruido del secador de pelo», confiesa sin rubor. «Lo pongo un rato al llegar a casa por la tarde y muchas noches en las que estoy nervioso al acostarme». Por miedo a quedarse dormido con el aparato puesto e incendiar la casa, Alfonso se descargó hace tiempo una aplicación de móvil llamada White Noise que emite distintos ruidos cotidianos: «También me gustan el de una lluvia intensa, el ventilador o la aspiradora. Pero como el del secador no hay ninguno. Esa frecuencia continua y aguda me encanta».

A su mujer, Rebeca, la extraña afición de Alfonso no le complace tanto. «Le obligo a ponerse los auriculares cuando se mete en la cama. Y cuando estoy en el baño secándome el pelo siempre se acerca a la puerta, cierra los ojos y empieza a sonreír… Es muy raro», bromea ella.

A nuestro segundo adicto lo encontramos en un foro de internet. La pregunta que hace al resto de usuarios le delata: «¿Es normal que me quede dormido con el ruido del secador?». Se llama Robert, tiene 37 años y al principio su adicción era aún más friki: la respiración de Darth Vader. «Tenía una grabación suya en el móvil que duraba 50 minutos», dice. «Hasta que un día fui a la peluquería y mientras esperaba sentado empecé a quedarme dormido cuando le secaban el pelo a una señora».

Robert es hiperactivo y el secador le ayuda a calmarse. En navidades sus hijos le regalaron uno portátil para llevarlo en la bolsa de aseo a su oficina, donde trabaja de contable. Sí, cuando está agobiado se levanta de su mesa, va al baño, se sienta en uno de los retretes y lo enciende con el aire caliente enfocado hacia la puerta y el sonido hacia su oreja. «Una vez fui al médico y se lo conté. Me dijo que a eso se le llama ruido blanco, que aísla otros sonidos de ambiente, y que lo usa mucha gente de la misma manera que yo».

Robert insiste en que hagamos otra prueba. Que le demos una segunda oportunidad al aparato. Que si lo escuchamos de fondo, al estar tumbados, funciona seguro. Vamos allá. Acostados en la cama descargamos la aplicación White Noise y buscamos el ruido del secador. Cerramos los ojos e intentamos relajarnos. Al cabo de un minuto, el sueño llega por sí solo. La frecuencia que emite el aparato ejerce de barrera de los pensamientos.

Es raro, sí, pero funciona. Aunque no en todos los casos…

«Me parece imposible que alguien pueda dormir con eso puesto. Pero la verdad es que no es la primer vez que lo escucho», comenta María Nieves. «Tengo dos amigas que usan esas apps de móvil con sus bebés. Y aseguran que es impresionante porque a veces es la única forma de que no lloren».

Cierto. Al bucear por la red en busca de información sobre los secadictos, la mayoría de ejemplos que encontramos son de bebés. Por ejemplo, Lola Rovati, editora de la web Bebé y Más, escribió sobre cómo su hija se dormía con el ruido del secador de pelo. «De repente, un buen día yo secándome el pelo y ella en su hamaquita, ocurrió. El secador a máxima potencia y ella cada vez más relajada. Estaba quietecita, la cara sin expresión, las manos sin tensión, la mirada tranquila. A los dos o tres minutos, y sin chupete en la boca, los ojitos hicieron clin y se cerraron como por arte de magia», escribe Lola en una de las entradas de su página.

María Luz García, jefa del servicio de Pediatría del Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés, explica que este zumbido tiene un efecto tranquilizador porque es monótono y no sobresale. «Te aísla del resto de los ruidos ambientales, no tiene altibajos, por lo que al final resulta relajante y facilita el sueño», explica.

Así lo confirmó un estudio de Archives of Disease in Childhood, una revista médica sobre pediatría editada en Reino Unido, que analizó cómo los ruidos blancos como el de un secador pueden afectar a los bebés. De los dos grupos de 20 bebés escogidos, el 80% se durmió a los cinco minutos de haber empezado a sonar alguno de estos sonidos.

Una de las posibles explicaciones la sostiene Bertrand Regader, psicólogo educativo y director de la web Psicología y Mente: «Me atrevería a diagnosticar que tiene relación a los sonidos que nos acostumbramos a escuchar cuando estamos en el útero. Siempre hay un ruido ambiental bajo, que enmascara a los demás y hace que nuestro cerebro haga que se sienta confortable con ello. Se asemeja bastante al sonido de los líquidos fluyendo dentro del vientre».

 


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